Micronaciones (IV): tu país en tu propia casa
Vudu mejora su interfaz antes del salto a la Sony PS3 Javier Penalva http://www.xataka.com/" --> Sergio Parra 10 de enero de 2012 | 11:45
Si queréis formar vuestro país sin salir de casa, entonces podéis intentar lo que Danny Wallace casi obtuvo recientemente: que se le reconociera como nación su propio piso al este de Londres, al que quería llamar Lovely.
La hazaña fue retransmitida por la BBC en agosto de 2005 en cinco episodios bajo el título de Cómo empezar tu propio país.
Danny Wallace es un joven periodista inglés que le gusta llevar hasta las últimas consecuencias sus ideas y teorías. Por ejemplo, tras romper con su novia, decidió llevar a cabo una modo de vida radicalmente distinto al que hasta entonces había llevado, optando por aceptar y decir que sí a todas las sugerencias, peticiones e invitaciones que le salieran al paso. Daba igual que éstas fuesen interesantes o aburridas, positivas o negativas, su premisa partía de la idea de que si lo aceptaba todo, a la larga, su vida mejoraría, viviría más intensamente, aprendería más cosas, descubriría aspectos del mundo que de ninguna otra manera hubiera descubierto. Durante un año siguió a rajatabla esta filosofía. Según afirma el propio Wallace, compré un coche sólo porque me preguntaron: no estás interesado en él, ¿o sí?; fui a ver una banda llamada General Onion and his Shoking y volé a Singapur en un fin de semana.
Toda su experiencia la recogió en un libro titulado Yes Man, que hace poco ha sido adaptado a la pantalla grande en una película protagonizada por el histriónico Jim Carrey: Di que sí. Wallace también fue fundador de una especie de culto dedicado a la bondad, en el que ha convencido a un buen puñado de ciudadanos estadounidenses para que hagan un acto bondadoso cada viernes, un acto que, preferiblemente, debe beneficiar a un desconocido. También escribió otro libro sobre ello: Join Me.
Una de sus últimas aportaciones al mundo de la televisión, en la que también está acostumbrado a crear programas y reportajes de similar calado, ha sido el de crear su propio país en casa. El programa para la BBC de Wallace fue ganador de varios premios BAFTA, y en él declara su apartamento en el East End de Londres un Estado independiente, con su propia bandera y su propia Constitución, y hasta declara la guerra al Reino Unido.
¿Recordáis el anuncio para la televisión de la famosa empresa de muebles Ikea, el de Bienvenidos a la República Independiente de tu Casa? Wallace pareció tomárselo muy en serio. Y muchos televidentes también: cuenta con más de 50.000 ciudadanos (que no viven en el piso con él, imagino).
Como también se tomó en serio su propia habitación un viajero que no necesitó salir de ella para cubrir grandes distancias: Xavier de Maistre, en su Viaje alrededor de mi cuarto, escribió una crónica de lo que allí vio, porque una habitación puede llegar a ser tan apasionante como todo un universo. Bajo la máxima del filósofo Blaise Pascal (toda la desgracia de los hombres procede de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitación), De Maistre se pone un pijama rosa o azul, según el día, para viajar al sofá, admirando la elegancia de sus patas y tirando del hilo de la memoria para evocar tantos y tantos momentos allí recostado, disfrutando de los cojines, invadido por toda clase de ensoñaciones.
Desde el sofá contemplará la cama, agradeciendo que las sábanas combinen tan bien con sus pijamas: Se me había olvidado, hablando de mi lecho, aconsejar a todo el que pueda hacerlo, tener un lecho de color rosa y blanco, pues estos colores inducen ensueños apacibles y placenteros en aquel que tiene un sueño frágil. Esta modalidad de turismo puede pareceros un tanto estrambótica, pero De Maistre tenía sólidas razones para viajar de esta forma:
Miles de personas que antes de que yo realizara este viaje no se habrían atrevido a hacerlo, otros que no habrían podido, otros, en fin, a quienes no se les habría ocurrido, van a resolverse a emprenderlo siguiendo mi ejemplo. ¿Vacilaría el ser más indolente en ponerse en camino conmigo para procurarse un placer que no ha de costarle ni trabajos ni dineros?
No es extraño que este autor nacido en Chambéry, Francia, en 1763, optara por viajar sólo por su habitación si tenemos en cuenta sus fracasos a la hora de intentarlo fuera de ella. Alentado por los triunfos de Étienne Montgolfier, que había alcanzado la fama internacional al hacer volar un globo durante 8 minutos en el palacio real de Versalles, transportando a bordo una oveja llamada Montauciel (Sube-al-cielo), un pato y un gallo, De Maistre proyectó volar hasta América mediante un par de alas gigantes de papel y alambre que se había confeccionado junto a un amigo. Obviamente, el intento fue infructuoso. Poco después, De Maistre se rindió a la evidencia: lo suyo no era inventar objetos voladores. Así que se limitó a reservar una plaza en un globo de aire caliente para dar una vuelta por los alrededores de su hogar. Al poco de elevar el vuelo, sin embargo, el globo se estrelló en un pinar. Finalmente, en 1790, cuando vivía en una modesta habitación situada en Turín, De Maistre se lanzó a un tipo de viaje que sin duda no le supondría tantos riesgos. Así lo explica Alain de Botton en El arte de viajar, recurriendo a las palabras del hermano de Xavier, el teórico político Joseph de Maistre:
Magallanes había descubierto una ruta occidental hacia las islas de las Especias por el extremo meridional de Sudamérica, Drake había cicunnavegado el globo terráqueo, Anson había confeccionado cartas de marear precisas de las Filipinas y Cook había confirmado la existencia de un continente meridional. >, escribió Joseph. Lo único que ocurría es que su hermano había descubierto una forma de viajar que podía resultar infinitamente más práctica para quienes careciesen de la audacia y la riqueza de aquéllos.En definitiva, un antinomadismo que desdeñaba la filosofía de vida de los indios tupí de Brasil, que cada 6 meses cambiaban el emplazamiento de su pueblo porque sus habitantes creían que un cambio de escenario les haría mejores.Xavier de Maistre incluso se atrevió a escribir un segundo volumen de sus viajes por la habitación titulado Expedición nocturna alrededor de mi cuarto, en la que se acercaba a la ventana y focalizaba su atención en un firmamento lleno de estrellas. Y es que viajar por las limitadas geografías de una habitación, a la manera demaistreniana, no puede sonar tan mal si tenemos en cuenta la anécdota que se produjo con el encuentro del vicepresidente estadounidense Richard Nixon y el líder soviético en julio de 1959: Richad Nixon viajó a Moscú para inaugurar una exposición que era un escaparate de los logros tecnológicos y materiales de su país; la exposición orbitaba alrededor de una réplica a tamaño natural de la casa del trabajador medio norteamericano (enmoquetada, con televisión en el salón, cuarto de baño propio en dos de los dormitorios, calefacción central y cocina con lavadora, secadora y nevera). La prensa soviética, indignada ante aquella propaganda capitalista, afirmó que una casa así era un lujo innecesario, bautizándola con el irónico nombre de Taj Majal.
Algo que también se tomó muy en serio Oceane, la joven diseñadora gráfica protagonista de la novela de Tibor Fischer Viaje al fondo de la habitación, que decide no salir jamás de su casa y viajar sólo de puertas adentro.
Pero hay naciones como Lovely que no tienen nada de palacio para algunos. Más bien funcionan como cárceles autoimpuestas. Como esos adolescentes asiáticos, los llamados hikinomoris, que, vencidos por la presión social y académica, optan por encerrarse motu proprio durante meses o años en sus respectivas habitaciones. Un autoencarcelamiento o una modalidad de eremitismo exclusivo de la cultura nipona en el que el mundo se reduce a las dimensiones manejables de cuatro paredes, y que según cifras actuales ya tiene un número de acólitos que oscila entre los 300.000 y un 1.000.000. Es necesario en este punto cantar aquella canción de Björk, Declare Independence: Comienza tu propia modernidad / Haz tu propio sello / Protege tu lengua / Haz tu propia bandera / ¡Declara la independencia!
Para más información, os recomiendo la web Escape Artist, que Timothy Ferris describe así en su libro La semana laboral de 4 horas:
¿Te interesa tener más de un pasaporte, fundar tu propio país, abrir cuentas en Suiza y todas las demás cosas que no me atrevo a poner en este libro? Entonces esta web es un recurso fantástico para ti. Cuando nuestro presidente empiece la tercera guerra mundial, seguro que querrás tener un plan de huida. Escríbeme desde las Caimán o desde la cárcel, desde donde llegues primero.
Si queréis formar vuestro país sin salir de casa, entonces podéis intentar lo que Danny Wallace casi obtuvo recientemente: que se le reconociera como nación su propio piso al este de Londres, al que quería llamar Lovely.
No es extraño que este autor nacido en Chambéry, Francia, en 1763, optara por viajar sólo por su habitación si tenemos en cuenta sus fracasos a la hora de intentarlo fuera de ella. Alentado por los triunfos de Étienne Montgolfier, que había alcanzado la fama internacional al hacer volar un globo durante 8 minutos en el palacio real de Versalles, transportando a bordo una oveja llamada Montauciel (Sube-al-cielo), un pato y un gallo, De Maistre proyectó volar hasta América mediante un par de alas gigantes de papel y alambre que se había confeccionado junto a un amigo. Obviamente, el intento fue infructuoso. Poco después, De Maistre se rindió a la evidencia: lo suyo no era inventar objetos voladores. Así que se limitó a reservar una plaza en un globo de aire caliente para dar una vuelta por los alrededores de su hogar. Al poco de elevar el vuelo, sin embargo, el globo se estrelló en un pinar. Finalmente, en 1790, cuando vivía en una modesta habitación situada en Turín, De Maistre se lanzó a un tipo de viaje que sin duda no le supondría tantos riesgos. Así lo explica Alain de Botton en El arte de viajar, recurriendo a las palabras del hermano de Xavier, el teórico político Joseph de Maistre:
No hay comentarios.:
Publicar un comentario